Separar las cuentas del negocio y las tuyas: por qué es lo primero que debes hacer
Mezclar el dinero personal con el del negocio es el error más común entre autónomos y pequeños empresarios. No sabes cuánto ganas, no controlas nada, y el día que Hacienda pregunta, tienes un problema.
¿Cuánto has ganado este mes?
Si tardas más de diez segundos en responder, o si la respuesta es "más o menos" o "depende de lo que consideres", tienes un problema de base.
Y en la mayoría de casos, ese problema tiene una causa concreta: estás mezclando el dinero del negocio con el tuyo personal.
El síntoma más claro: la cuenta única
Lo reconozco sin juzgar porque es casi universal entre autónomos y pequeños empresarios al principio:
Hay una cuenta bancaria. Por ahí entra lo que paga el negocio. Por ahí sale el alquiler del local, los proveedores, la gestoría. Y también el supermercado, la gasolina personal, la cuota del gym, la ropa de los niños, la cena del sábado.
Al final del mes, hay dinero o no hay dinero. Pero no sabes exactamente de dónde viene ni a dónde va.
Eso no es gestión. Es ruleta.
Por qué mezclar las cuentas destruye tu capacidad de gestionar
Cuando el dinero personal y el del negocio se mezclan, pasan varias cosas malas:
No sabes si el negocio es rentable. Para saberlo necesitas saber exactamente cuánto entra por el negocio y cuánto sale por el negocio. Si hay gastos personales mezclados, la foto está distorsionada.
Tomas decisiones con sensación, no con datos. "Este mes va bien" puede significar que tuviste un ingreso extraordinario o que no has pagado algunos proveedores todavía. Sin separación, no lo sabes.
Hacienda te complica la vida. Si eres autónomo, tus gastos deducibles tienen que ser del negocio. Si mezclas, o deduces gastos personales (que es ilegal) o no deduces gastos del negocio que podrías (que es tirar dinero).
La gestión del día a día se vuelve caótica. ¿Cuánto puedo sacar este mes para mí? No lo sabes. O sacas de más y el negocio queda descapitalizado. O sacas de menos y vives más ajustado de lo necesario.
La solución: tres cuentas, roles distintos
No necesitas nada sofisticado. Necesitas tres cuentas:
El movimiento clave es este: te pagas un sueldo fijo mensual desde la cuenta del negocio a la cuenta personal.
No "lo que sobre." Un sueldo. Una cantidad fija que hayas decidido que es tu retribución por trabajar en tu negocio.
Ese sueldo puede ajustarse cada trimestre o cada año según cómo vaya el negocio. Pero el día a día, tienes que saber exactamente qué va a entrar en tu cuenta personal.
¿Cuánto sueldo deberías pagarte?
Esta es la pregunta que viene a continuación, y tiene su propia complejidad.
La regla básica: tu sueldo debería ser lo que le pagarías a alguien de fuera para hacer lo que tú haces en el negocio.
Si tienes una tienda y atiendes tú el mostrador 8 horas al día, un empleado para hacer eso costaría entre 1.400 y 1.800€ brutos al mes. Ese es el sueldo mínimo que debería pagarte el negocio por esa función.
Si además haces gestión, compras, marketing y administración, suma esos roles también.
Si el negocio no puede pagarte un sueldo de mercado por lo que haces, hay un problema de rentabilidad que hay que resolver. No te puedes seguir pagando menos de lo que vales indefinidamente.
Hay un artículo entero dedicado a esto: cuánto debe pagarse el dueño de un negocio.
Qué hacer con la cuenta de impuestos
Muchos autónomos viven bien durante nueve meses y luego en enero o abril les llega una declaración que no pueden pagar. Eso es lo que pasa cuando no se separa el dinero de los impuestos.
La regla práctica: reserva entre el 20% y el 25% de cada ingreso bruto en la cuenta de impuestos. La cifra exacta depende de tu situación fiscal (régimen, deducciones, ingresos totales), pero esa banda te cubre en la mayoría de casos.
Si tu gestor te dice "este trimestre te toca pagar X", el dinero ya está ahí. No hay susto, no hay problema de liquidez, no hay que pedir prestado para pagar a Hacienda.
El proceso para hacer el cambio si estás mezclado ahora
Si llevas tiempo con todo mezclado, el cambio no se hace en un día. Pero sí se puede hacer en un mes:
Semana 1: abre una cuenta nueva exclusiva para el negocio. A partir de hoy, todos los ingresos del negocio van ahí. Todos los pagos del negocio salen de ahí.
Semana 2: abre la cuenta de impuestos. Calcula qué porcentaje de los ingresos actuales necesitas reservar y empieza a hacer esa transferencia cada vez que entra dinero.
Semana 3: determina tu sueldo mensual. No el ideal, sino el que el negocio puede pagar ahora mismo de forma sostenible.
Semana 4: configura una transferencia automática mensual de la cuenta del negocio a la personal con ese importe. Eso es tu sueldo.
A partir de ahí, la cuenta personal es solo para ti. Lo que hay en la cuenta del negocio, es del negocio.
Lo que esto cambia en la práctica
Cuando tienes las cuentas separadas, algo cambia en tu cabeza además de en los números:
Empiezas a ver el negocio como una entidad separada de ti. Con sus propias finanzas, su propio flujo de caja, su propia salud económica.
Eso te permite tomar decisiones mejores. Puedes ver si el negocio puede permitirse un gasto extra. Puedes ver si la reserva de impuestos está cubierta. Puedes ver si tu sueldo es sostenible a largo plazo.
Y también te permite desconectar un poco. Cuando el negocio va mal un mes, no te afecta directamente en tu cuenta personal si has establecido un sueldo. Cuando va bien, puedes decidir si te pagas un extra o si refuerzas la reserva del negocio.
Esa separación mental es tan valiosa como la separación financiera.
La separación de cuentas es el primer paso de la gestión financiera personal del empresario. El siguiente es entender cómo funciona la fiscalidad de tu forma jurídica y asegurarte de que no estás pagando más de lo que debes. Si tienes una SL o estás pensando en constituirla, el artículo sobre cómo funciona el IRPF si eres autónomo con SL te da el mapa completo. Y si quieres entender cuánto te deberías pagar realmente como dueño, sueldo del dueño de negocio es el punto de partida.
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